Pues sí, yo también tengo mis defectos, mis filias. Una de ellas, medianamente confesable, es mi fijación por la guerra. Historia, libros, comentarios, novelas, películas...incluso juegos, sí, de estrategia. Aunque reconozco que trivializarla no me termina de convencer.

Muchas veces he oído eso de que los juegos son malos, que instigan a la violencia. ¿Seguro? ¿Todos? Uno de mis primeros encuentros con la sorpresa fue en uno de la Guerra de Secesión, Gettysburg, hace lustros. La verdad, sufría y todo viendo aquellos muñequitos que se iban quedando inertes en el campo de batalla, como se iban ensangrentando mis oficiales, mis "queridos y valientes" soldados. Miembros amputados, soldados heridos, listas de bajas, hombres muertos. Aún me parece ver como la caballería propia asesinaba a los desarmados enemigos que huían, pero había que hacerlo o se reagruparían. Dantesco, cruel, inhumano.

Aprendí como ganar aquella batalla, como lo he hecho en otras muchas, suelo ir con los que pierden, otra manía. Juegos de guerra. Incluso reconocí el terreno en uno de esos documentales de televisión que tanto me gustan, casi como si hubiera estado allí. Algo es algo.

Y, durante todo este tiempo, he aprendido una amarga lección, quizás no tanto. En la guerra, la más vergonzosa actitud humana, se sacrifican hombres, se les manda al matadero y se asesina. No hay otra forma. Por una causa, por un trozo de terreno, por ganar tiempo. Por nada. Quizás no sepan qué significa esto, si es así mejor para todos, casi seguro, o es que no han jugado a hacerlo (hay simuladores para todo). No hay tanta diferencia desde un teléfono o detrás de una pantalla. Pocas veces ves los muertos si estás en la retaguardia, en el Estado Mayor, nada que ver con estar bajo las bombas.

En ningún libro o fotografía he podido sentir tan de cerca esa realidad. Y es que a quienes critican los juegos, como cultura, algunos extraordinariamente trabajados, a límites insospechables, se les olvida algo. Se les olvida que también pierdes, la sensación de la derrota. Aunque aquí se va con un simple "apagar"

Os aseguro que los juegos me han ayudado a comprender, y que son una fuente de cultura "lúdica". Pero sigo jugando, cuando puedo.

Juguemos. Miren a esa niña de la foto de arriba, la de la derecha abajo, en brazos de su madre, sí, unos dos o tres añitos. Pronto será huérfana, su sonriente padre yace más abajo, en el Somme, o en el Ebro, o en cualquier otro lugar. Nuestro mundo está lleno de ellos. “Lo siento niña, tenía que ganar tiempo con su vida, y parte de la tuya, para la siguiente maniobra.”

¿Ficción o realidad?