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La Coctelera

Categoría: locuras

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miss transexual

¿No me digas que no te lo imaginabas? Por supuesto que sí, hay un concurso para ellas. Claro, ya están operadas, y algunas ni se nota. Otras, no sé yo qué decirte. Pero no me vengas con cuentos, en los concursos de “mises y boyses” pasa lo mismo. O no. Pues eso. También tienen derecho a lucir palmito.

Es que estaba despistado viendo cositas raras, lo retiro, por ahí, esto de internesss da para mucho. Peor es esta página de neopatria, ya puestos, miren la presentación: Foro de discusión ta todas as antiguas tierras d'a Corona d'Aragón. Fòrum de discussió per a totes les terres de l'antiga Corona d'Aragó. Fòrum de debat per totas las terras de l'antiga Corona d'Aragon

Terminamos como en la torre aquella. ¿Cómo se dirá en hebreo Babel? A ver si se me querellan ahora estos...o los otros...o aquellos...ufffff, seguiré anónimo por si las moscas...

Es fácil encontrarlas, si quieres.

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Juegos de Guerra

Pues sí, yo también tengo mis defectos, mis filias. Una de ellas, medianamente confesable, es mi fijación por la guerra. Historia, libros, comentarios, novelas, películas...incluso juegos, sí, de estrategia. Aunque reconozco que trivializarla no me termina de convencer.

Muchas veces he oído eso de que los juegos son malos, que instigan a la violencia. ¿Seguro? ¿Todos? Uno de mis primeros encuentros con la sorpresa fue en uno de la Guerra de Secesión, Gettysburg, hace lustros. La verdad, sufría y todo viendo aquellos muñequitos que se iban quedando inertes en el campo de batalla, como se iban ensangrentando mis oficiales, mis "queridos y valientes" soldados. Miembros amputados, soldados heridos, listas de bajas, hombres muertos. Aún me parece ver como la caballería propia asesinaba a los desarmados enemigos que huían, pero había que hacerlo o se reagruparían. Dantesco, cruel, inhumano.

Aprendí como ganar aquella batalla, como lo he hecho en otras muchas, suelo ir con los que pierden, otra manía. Juegos de guerra. Incluso reconocí el terreno en uno de esos documentales de televisión que tanto me gustan, casi como si hubiera estado allí. Algo es algo.

Y, durante todo este tiempo, he aprendido una amarga lección, quizás no tanto. En la guerra, la más vergonzosa actitud humana, se sacrifican hombres, se les manda al matadero y se asesina. No hay otra forma. Por una causa, por un trozo de terreno, por ganar tiempo. Por nada. Quizás no sepan qué significa esto, si es así mejor para todos, casi seguro, o es que no han jugado a hacerlo (hay simuladores para todo). No hay tanta diferencia desde un teléfono o detrás de una pantalla. Pocas veces ves los muertos si estás en la retaguardia, en el Estado Mayor, nada que ver con estar bajo las bombas.

En ningún libro o fotografía he podido sentir tan de cerca esa realidad. Y es que a quienes critican los juegos, como cultura, algunos extraordinariamente trabajados, a límites insospechables, se les olvida algo. Se les olvida que también pierdes, la sensación de la derrota. Aunque aquí se va con un simple "apagar"

Os aseguro que los juegos me han ayudado a comprender, y que son una fuente de cultura "lúdica". Pero sigo jugando, cuando puedo.

Juguemos. Miren a esa niña de la foto de arriba, la de la derecha abajo, en brazos de su madre, sí, unos dos o tres añitos. Pronto será huérfana, su sonriente padre yace más abajo, en el Somme, o en el Ebro, o en cualquier otro lugar. Nuestro mundo está lleno de ellos. “Lo siento niña, tenía que ganar tiempo con su vida, y parte de la tuya, para la siguiente maniobra.”

¿Ficción o realidad?

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El último gol no subió al marcador......

Las palabras me recuerdan personas, concretas. Las personas me recuerdan, a veces, frases. Las he ido cogiendo de aquí y allá, de muy distintos entornos, y las tengo guardaditas como un pequeño tesoro, arrinconadas en un trocito de la memoria, pobre memoria. Muchas, eso sí, soy un saco de anécdotas y frases hechas. Vivencias, ya sabes. Las canas.

Ayer recordaba a un personaje de hace muchos años, y recordaba una de sus frases, aquella que me dijo una vez y que no imaginará cuanto la tengo presente. Yo creo que nunca sabemos, ni de lejos, cuanto influimos en los demás, a veces. La verdad, el orden es el contrario, primero la frase. Es popular, barriobajera si quieres, de filosofía de pueblo llano, la que me gusta, sinceramente. Esa y alguna otra. Sin nombres para no adornar esto, aquí hay polvo y sudor, no corbatas. Esos consejos de barra de bar de tapas, a lo Faemino y Cansado, los dos copa de soberano en mano, disparatando. Además, es futbolera, que no futbolística, esa pequeña pasión de todos los que hemos sido niños, con o. De casi todos. Aún la tengo, y sigo jugando, arrastrando, a veces, y mal como siempre, pero sigo. Sin eso dejaría de estar vivo. Y por eso la entiendo.

La frase concreta no la recuerdo, la idea es que tú te matas buscando el desmarque, regateando, pasando, centrando, recibiendo patadas y codazos sin que el arbitro haga nada, luchando cada jugada con el corazón en la boca, y luego llegan los otros, un contragolpe, balón bombeado y...¿gol? Joder, qué aburrimiento.

Y otra vez, a sacar de centro, vuelta a empezar. Hasta que este árbitro, que no sé en qué estará pensando, decida dar el pitidito final cuando a él le salga de las narices. Como el otro día el menda este que jodió a los rumanos. Vaya cabronazo. No me extraña que a veces me sienta tan cansado de todo, pensando en colgar las botas. Y encima los del churro son los buenos, los galácticos. ¿Son mejores? Puede que lo sean, pero cuando no se nace...

Hace tiempo que no marco, postes y uys, gol ninguno, y ya me duele ver el marcador. Esto no es fútbol.
LLevo la negra.

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Self deception

La verdad, llevo tiempo con catalepsia naval. Velas abajo. Calma chicha, que dicen. Lo de hoy con mi amiga (ya no sé si tanto, ella sabrá), la que originó el envalentonamiento de esto, es un fogonazo más, a lo lejos, entre la niebla. ¿Qué más pude decirle? Como en ese peliculón tan mal titulado. Luego vienen las balas. O vendrán.

Mover ficha me cuesta. He llegado a pensar que tengo algún problema de expresión, o mental. Bueno, los tengo, ¿qué dice el grumete?

Eso sí, no puedo dejar de sentirlo, cierta tristeza. Pocas veces voy al abordaje, ninguna. Soy pacifista, pero juguetón. ¡Maricón el último en llegar a puerto!, de ahí no paso. Y también, defiendo mi bergantín hasta la última andanada. Si vienes por leña. Por eso me entristece tanto esto. ¿Habitual? Lo que pasa es que, de un tiempo a esta parte, me descoloca. No voy fino. Me da que he pagao los platos rotos demasiadas veces, sin merecerlo. No es eso, la vida no es justa, ya lo aprendí de nano. Y ayer me lo decía mi amigo, estás raro tío. Ya, ya se que esto no es nada, ni lo otro, ni lo de más allá. Vale. Menos que nada. Sí. Pero es la esencia del problema. Y yo voy encadenando una cosa con otra.

Me ocurre en distintos ámbitos, lo de los malos entendidos, pero en el peor que lo llevo es donde más me afecta. Claro está. Me jode increíblemente tener que hablar en papel timbrado, la constante medida, los halagos artificiales. Y más que duden de lo que nunca haría. Y mira que haría cosas. Mejor no tiro de libro de abordo, que me sale la vena agresiva. Que la tengo, por impotencia.

Hoy me han dado otra mala noticia, que no lo es tanto, es buena para el ínclito protagonista, pero es más de lo mismo. Me cuenta todas las penas, me preocupa y luego me entero de la segunda parte por terceros. Hay que aguantarse.

No hay peor sordo que el que no quiere oír. Y yo ando limitado en el lenguaje. Cada día más. Another deception.

Hay días que te dan ganas de cambiar de táctica. Lo que pasa es que me queda la conciencia, y esa no se acaba. Ya lo intenté, sabía que no era lo mío. Ya que no lo hubiera hecho.

Perdonen ustedes esta memez marinera, sin pericia alguna, pero estoy hasta la gavia. Hasta de mí mismo.

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Amor, cariño o pasión. ¡Eingh!

Andaba yo pensando, no mucho, en un tropiezo que he tenido por aquí con una felina, eso sí, por mi culpa, por mi gran culpa. Uno, por no hacer lo que dice Harry el sucio y cafeinómano de la anterior chorrada, y dos, por no prestarle atención a la intuición. Hay cosas que nos las ganamos a pulso.

De esta mujer, la del insulto, o insultillo, cuyo nombre ni he nombrado ni nombraré, la protagonista de las cucarachas, que no lo es, sólo es un motivo, un figura que encaja en una descripción, leí algo más. ¿Explicación? En ella hablaba de quererlo todo, de no conformarse con el cariño, despreciándolo, y apostaba todo a una carta. Ese amor pasional que nos obnubila. Vale. Y que no llega, no como ella quisiera. También vale. Quizás nunca o veces tan rápido que....

Como yo soy de los cortitos me he ido a mi socorrido diccionario, a veces me sorprende. Y mira qué cosas dice:

Sentimiento intenso del ser humano que, partiendo de su propia insuficiencia, necesita y busca el encuentro y unión con otro ser.
Inclinación o preferencia muy vivas de alguien a otra persona.
Manifestación de dicho sentimiento.
Tendencia a la unión sexual.
Apetito o afición vehemente a algo.
Inclinación de amor o buen afecto que se siente hacia alguien o algo.

Son dos acepciones por palabro, ¿sabes a cuál corresponde cada una? Sí, están mezcladas. Soy así.

Pero, un momento. Perfección y autosuficiencia, ¿y por otro lado insuficiencia? Dioses de barro. En este caso también diosas, pero que quieren ser personas, a razón de veinte minutos por sesión (que ellas quisieran, dirán algunos). Eterno, duradero e intenso. Omnipotente y sin viagra. Que sí, que sí, que lo que tú digas.

No me resulta menos chocante el hecho de la referencia de haber tenido a cuantos hombres quiso, por el físico. No lo dudo, también conozco esa parte. Más barro. Y aquí hasta me salpica. Por condición e idiotez de género. Conforme. Pero no te creas que sólo las guapas...

Demasiadas dioptrías para ver el agua. Yo sólo quise enseñártela. Al fin y al cabo decías que no sabías nada. Yo tampoco. Nadie, o casi. Pero me sorprenden los de la Academia, gratamente. Mucho.

Adiós. Fssss, fsssssssssss. No es para ti, es para el que sepa entenderlo. La vida es otra cosa.

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Cita errónea

Quedamos en una cafetería no muy concurrida, tú la has elegido. Llevo tu número en el móvil, es la última llamada. Estás al llegar, pero no sé quién eres, ni como vas vestida. El estómago no es mío y la espalda me duele. Soy demasiado nervioso, me cuesta controlarme a veces.

Estoy sentado, tomándome algo en la barra, algo que no me pasa por la garganta. Espero. Pasan los minutos y nada, estoy a punto de salir corriendo. Una mujer viene directa hacía mí, sin dudar, con una sonrisa de regalo. Supongo que eres tú, pero no encuentro el gesto por ninguna parte, no puedo devolvértela. Lo eres, lo veo en tus ojos, y te gusto, también lo noto, esa primera impresión tan engañosa. Al menos lo suficiente. Sigues con tu alegría, te agrada la situación, somos muy distintos. Vas más atrevida de lo que pensaba, pero no demasiado, has vuelto a engañarme. Me gustan los vestidos, no puedo evitarlo. Tu voz también, ya lo sabía, y el tacto de tus manos. No puedo evitar sentirme algo violento. No puedo ni mirarte.

No quieres nada, salimos y pides un taxi. Parecemos novios, cogidos, pero no lo somos. Das la dirección, es un hotel. Me miras y me sonríes, yo no paro de darle vueltas a la cabeza. Tengo la boca seca. Te acomodas en mi hombro, hemos hablado tanto y de tantas cosas que es como si nos conociéramos de niños. Pero no te conozco, te sigo extrañando. Eres bonita, no es eso. No estoy seguro, tú sí. Pisas un terreno que yo desconozco.

La cama es grande, de esas partidas, no me gustan. Me lo callo. O tu lado o el mío. No hablamos mucho, hablas tú, a veces te escucho. Sólo te miro. Es verdad, llevas el liguero con el que siempre te imagino. Me quitas los botones de la camisa, me besas. Tu aliento es a menta, has cuidado todos los detalles. Tienes los ojos abiertos. Me siento tu presa. Me dejo llevar aunque sé que me observas. Me analizas.

Hacemos el amor, te extraño más, mucho más. Salimos, cenamos, todavía quedan sitios abiertos. Hablamos, volvemos, sigo teniendo todas las dudas, pero me atrae tu ternura. Tienes mis cartas boca arriba desde hace tiempo. Me das todo, y yo a ti cuanto puedo. Quiero, pero no puedo.

Semanas después me odias. Yo no, sólo a mí mismo.

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La reina de las cucarachas.

Pues sí, lo reconozco, lo que había escrito me había quedado un pelín cargante. Y machista. Mejor borrarlo. No, no lo soy, o no quisiera serlo, me avergonzaría, aunque puede que lo sea un poco. Aquí al radical le revientan los extremos, todos, y odiar no odio a nadie, excepto a algunos, los que no respetan lo más elemental. Los demás, ellos y ellas, los que se equivocan, los que cometemos tantos errores, pues eso, me odiaría a mí mismo. A veces pasa, soy un lechado de virtudes, pero sólo a veces.

La verdad es que me crié entre mujeres, me relacionaba con ellas todo el tiempo. Mi madre siempre les decía que yo era de fiar, y cumplía a rajatabla con el silencio impuesto, con mis piernas desnudas colgando de la silla y empapándome, eso sí, de todo, por supuesto. Siempre he sabido escucharlas, y las comprendo, o lo intento. De hecho, me meto en sus foros, ahora en esta moda de Internet, creándoles a veces unas falsas expectativas que nunca podría cumplir. Hace tantos años que ni me acuerdo, incluso con el MS-DOS, qué tiempos. Las mismas que he creado en la vida real, eso sí, seguida de la decepción correspondiente. Si yo contara. No lo hago con esa intención, con ninguna de las dos. Y siempre ha sido así, puede que las necesite, y va a ser sin puede. Ahora recuerdo una de esas celebraciones familiares, no hace muchos años, varias familias, padres, madres, hijos, nueras, yernos, nietos. Al final quedaron todas las mujeres a un lado, hablando de sus cosas, y los hombres a otro, con las suyas. ¿Dónde estaba yo? Me llamaron, pero no fui, siempre las he preferido a ellas. O a los niños. Es mucho más divertido, y hablan mucho mejor. Que he dicho que no, que me quedo aquí entre faldas, que es lo mío. Ni punto de comparación.

Luego tengo hijas, solo hijas. Es curioso, me decían si quería un niño, claro. Qué sorpresa, yo prefería niñas, rezaba porque fueran niñas y no me escondía en decirlo, siempre con la consiguiente referencia a la salud, pero con los dedos cruzados, niña, niña. Así mi cara de alegría y la de enfado de mi mujer, y el médico que no sabía de qué iba la historia. Incluso ellas, las preguntonas, se asombraban. Eso es de su propiedad, suele serlo.

La verdad, si se pudieran poner todos los tipos de amor en una balanza y en cada plato un sexo, no habría color. Las mujeres ganan en mi caso.

Tanto es así, que durante un tiempo las vi mejores, quizás porque me rodearon mujeres especiales, hoy lo creo. Siempre pensaba que lo eran, en general, que en el fondo si ellas conseguían acceder al mundo de los hombres todo podría mejorar un poco. Tengo que decir que me he llevado una gran decepción, pero puede que esta no sea más que una extensión de la decepción por todo. Incluso he llegado a pensar que, teniendo la oportunidad de ser distintas, la han dejado escapar. Al final vienen a copiar todos los defectos, y copiar no es la palabra. Tan siquiera eran propiedad del hombre. Lo reconozco, me duelen más en ellas, pero yo soy el único culpable de eso, por haberme inventado un sueño. Para ser sincero aún me queda un poco de esperanza, e intento buscarla, aunque ya no tiene sexo, al menos tan definido. Es curioso, me resulta insoportable esa imagen de hombre macho. Dejémoslo así, que cada cual piense lo que quiera. A veces no me aclaro.

El síndrome de la reina de las cucarachas es un símil. Esos insectos mueren patas arriba, sin saber muy bien por qué. Lo utilizo desde hace tiempo para definir a un tipo de mujer, grotescamente lo admito, que por desgracia creo que se ha convertido en una especie de tótem. Hablo de mujeres autosuficientes, independientes, inteligentes y preparadas, que, sin embargo, no saben lo que quieren. Su apariencia exterior está estereotipada, no creo que haga falta esforzarse mucho a estas alturas de película. Son tan típicas que casi se las reconoce al verlas, y de lejos. Y hasta ahí es admisible, todo. Su problema es que se han creado una falsa divinidad, ellas mismas, sus vidas, sus existencias. Por eso la postura, la inactividad, y lo otro. Os aseguro que conozco muchas así, me he encontrado con ellas en muchos lugares, son pluscuamperfectas y lo cantan a los cuatro vientos. Las superguays que dice Carmen Posadas, para que esto no sea un invento mío. Me sorprendio que ella, feminista no al uso, también lo vea. Es como una plaga, una pandemia de falsedad, de apariencia. Puede que lo que más odiaba del otro lado.

Lo peor, en cuanto a su vida conyugal, es que pretenden esa perfección en ese hombre ideal que anhelan. Como nos pasa a todos, todos idealizamos algo, para qué engañarnos. Pero ay de ellas si lo encuentran, y ay de ellas si no, qué soledad más perfectamente triste les espera.

Lo peor de sus otras vidas es que son insoportables. Pero ellas pensarán lo mismo de mí, les doy motivos.

La imperfección nos hace humanos. Y el perdón, que es una palabra poco de moda, se aprende mejor a partir de uno mismo. La conciencia de nuestros propios defectos es la comprensión de los del otro.
Yo también me equivoco, mucho. Y a ella intento perdonarla, quiero hacerlo, precisamente por eso.

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Si bebes genéricos y llamas por el móvil es porque tú pagas. Pirata de los...

¿A quién benefician las campañas? ¿Quién es el listo que se las lleva? ¿Por qué intentan concienciarme de cualquier cosa? ¿Quién se creen que son? Yo no les he dado permiso, ni nadie pide anuncios moralistas. No he visto manifestación alguna al respecto.

Por cierto, ¿dónde está la diferencia entre un cartel en la autovía y esos anuncios en los autobuses? ¿No me puedo despistar al leerlo? Claro, como está en movimiento tengo que hacer un plus de atención y... Lo entiendo. Y díganme, ¿los medicamentos no los recetaban los médicos? ¿Por qué tengo que saber yo si hay genérico o transgénico? Claro, como los visitadores les dan regalitos yo le insto a que ahorre por el erario. ¿A hostias? Perdona, me pongo agresivo. ¿Y el casco? Ya, que todavía existe gente que no sabe lo del casco. Pero, ¿si no tienen cabeza para que…? Ahora lo entiendo. ¿Y la velocidad? Claro, para justificar las multas, y evitar accidentes al tiempo. ¿Y por qué no se limita la velocidad en los coches? No multaríamos, evidentemente. Tampoco harían falta tantos discos de 120. Mal negocio, es cierto. Lo que recaudamos para la publicidad, y el publicista a doscientos con su BMW flamante. Qué listos, así vuelve a la saca. ¿Pero las putas? No me digas que…. Sí, sí, si concienciamos al putero es posible que... ¿Qué no se ha dado cuenta que paga? No sé, no lo veo muy claro. La tarifa es la tarifa, negociable eso sí, pero tarifa. ¿No se os ha ocurrido ponerlas gratis? ¿Subvencionarlas? ¿Y un bonoputas? Podríamos aprovechar para meter publicidad en el mismo bono. ¿Excesivo? No sé, lo mismo cuela y nos vamos a celebrarlo con la peña, unas copitas, el botelleo…¿eh? Perdón, se me olvidaba lo del consumo responsable. ¿Cómo era? ¿Doce meses, doce copas? Mientras se las paguen ellos.

Bueno, al menos me quedo tranquilo. Sé que por copiar esto no se beneficiará ninguna red de tráfico de blancas (¿de qué color has dicho?), armas u drogas. La u a conciencia. Menos mal. Podéis copiarlo.

Un momento. ¡Alto ahí! Pandilla de hijos de puta, y sin bono. Ya sé a quién benefician las campañas. En realidad son una apología de sí mismas, da igual el mensaje, es el anuncio, decir lo que sea, hacerlo necesario. ¿Qué ocurriría si no existiesen? Imagínenlo. Exacto. Falta algo, un vacío, ese lateral del autobús muerto de risa. ¿El escudo de la ciudad? ¿Las estrellitas? No, no, no. ¿Y la bandera de España? Quita, quita, no blasfemes. Me da que lo han conseguido. No podemos estar sin ellas, las necesitamos, es una pura adicción, una droga destructiva y absurda. ¡Aghh!

Como me jode pagar impuestos. Vale, vale, yo no soy publicista. Está claro. Ni político.

Por cierto, si hay una ofertita, tengo unas ideas…, entre otras quitar el aviso de los radares. El otro día casi me lleva por delante uno de esos objetivos de la publicidad, frenando y metiéndose a la derecha sin avisar, para luego volver a adelantarme más picado aún que iba, por la pitorrada y la vocalización bien visible al acordarme de todos sus ancestros, los de la DGT incluidos. Y así caerían más. Mejor, los cambiaba de sitio, y a comisión. Cada vez que lo pienso, hay que ser tonto para que te cacen así. O despistado. Tropecientos mil, van a la fecha. Patético. Ya puestos al disparate, ¿te imaginas la cara del funcionario cuando le llegue su propia multa?

Se me olvidaba que en estos sitios hay muchos publicistas. ¿Por qué será? Mis sinceras disculpas.