Publicidad:
La Coctelera

Categoría: amor

0

La misma muerte.

Ayer fue un día extraño, un día de muerte, de viaje inesperado, de llantos de mujer al fondo. Estuve en el entierro del padre de un amigo, estuve en el cementerio, lugar que frecuento poquísimo.

Después de acompañarlo, a él y a su familia, al mismo muerto, me fui a ver esas lápidas que rara vez frecuento, las de mis muertos. Casi me sorprendí de que sigan ahí, en el mismo sitio, como si no pasara el tiempo. Las mismas letras, el mismo brillo, el mármol que sigue extrañamente limpio. Sólo las fechas, las que me obligo a no recordar, son el testigo de lo que cuento.

Al salir, sin embargo, vi que yo no soy el mismo, soy lo único que ha cambiado de ese sitio.

La foto es de Txipiri, en ojo digital.

0

diarios de motocicleta

Esta es una de esas películas que marcan. Por todo, hasta por la afición a la motocicleta, esa Norton...me quedo sin palabras. Las caídas, las averías...También por esas tierras que recorre, tan lejanas en el espacio y tan cercanas en el corazón, como sus gentes. Más si cabe. Y por el ideal que desprende, que rebosa, sobre todo por eso.

Entré despistado a la sala, no había visto un solo trailer, ni sabía absolutamente nada. Me llamó la atención la moto y el viaje, y el hecho de que había llegado tarde, extrañísimo, a la que quería ver en un principio. No recuerdo cual era. Qué cosas. Fue emocionante, salí emocionado.

Si pudiera ahora mismo pedir un deseo…, quizás fuera ese, mi moto, compañía y la aventura. La hermosa y triste aventura de este cruel mundo, que por cierto tan poco ha cambiado. Bolivia, cuánta esperanza en ti tengo...

Bueno, yo no soy Ernesto Che Guevara, pero es que no creo en la lucha armada si es posible otro camino. Es necesario otro camino. No quiero con esto ofender a nadie, pero admiro sus motivos, hablo de aquel muchacho que cambió su vida en aquel viaje, no del guerrillero, tampoco quiero juzgarlo. Y no de comunismo, no es eso, ni de ideas políticas siquiera. Estoy cansado de ellas y de quienes las utilizan.

De lo que yo hablo estaba en unas fotos más abajo. Una niña, una pancarta, unos derechos de todos los que habitamos este maltratado mundo, de todos, sin excepciones. Quizás sea hora de que terminen las ideologías y comiencen los seres humanos. Pero el camino es largo. Quizás nos venga bien una moto, aunque sea vieja. Y algo de conciencia.

Curioso. Yo amo las motos, el aíre en la cara, la sensación del viaje....pero amo más otra cosa.

0

Renault 5, nacional 301, hace muchos años..

Pasa el tiempo, lo sé, rápido. Recuerdo aquel día, es la misma sensación, la que no te quieres creer del todo aunque te llena el alma, la que no sabes asimilar tan de repente. Recuerdo tu llamada, habían pasado lustros sin oírte, apenas un café de vez en cuando, para preguntarme decías. Ya no me ilusionaban esos citas como al principio, yo seguía con mi vida, aunque no podía dejar de ir, por mucho que me lo propuse. Ya lo conté, saliendo con unas y con otras para intentar olvidarte, sin conseguirlo.

Estabas de vacaciones, con tus padres, era verano. No me planteé el motivo, me llamabas desde una de aquellas cabinas, me invitabas y yo iba. Igual que los cafés, pero más lejos, muy lejos. No conocía el sitio, siempre habíamos salido en invierno. Yo era tu muñeco de nieve. Mala época para ser eso, cuarenta grados a la sombra de un tórrido Julio, y entonces el aire acondicionado era la ventanilla abierta. Aquella mañana parecía distinta, siempre he tenido esa sensación cuando voy de viaje en coche. Salí muy temprano con un Renault 5 dispuesto a comerse el asfalto y a cuantos camiones se interpusieran en mi camino. Qué distinto era todo. ¿Era yo? Hace tanto.

El viaje se hizo largo, llegué casi a mediodía, no me esperabas en la puerta, estabas bañándote, así que me fui a buscarte tras las indicaciones de tu madre. Tu hermana me llamó a gritos entre la gente, no había mucha, y allí me planté, blanquito Madrid entre tanto moreno. Seguías sin aparecer.

No sin mucha vergüenza me quedé en bañador y me fui al agua, tras tu hermana, que hacía de guía marítima. Un grupo de gente estaba en el horizonte. Te vi, me vistes, nos besamos como amigos y se hicieron las presentaciones acuáticas de rigor. Aquí el canelo de la capi, dominguero por fuerza mayor, con moreno taxista, 50% respecto a moreno albañil decente, o con camiseta, que se ha enchufado 500 kilómetros para verme un ratito; aquí todos estos, que están sin hacer nada todo el verano, como Dios manda, y que de paso se preguntan qué haces aquí y cuánto te vas a quemar con lo que está cayendo.

Estabas bellísima, me di cuenta, claro, más que de costumbre. Muy morena, llevabas casi un mes allí, dorada, que hacía resaltar un pelo más claro en unos ojos azules inmensos. Todos estaban así menos tus hermanas, que estaban rojas, como siempre. Tú no, preciosa. Los otros también te miraban, por supuesto. Ya, a tu hermana también, lo sé.

Salimos del agua y te noté un gesto. Luego otro a una de tus amigas, me fijaba, y en la cara de ella, su sonrisa. Algo pasaba que yo no sabía. Comimos con tus padres, que estuvieron muy agradables, como siempre. No pude dejar de fijarme en tus pechos, creo que fue la primera vez que me di cuenta que me gustaban, en tu cintura, en tus piernas. Nunca había estado contigo, con gente, y tú de esa guisa, casi desnuda. Tu madre se daba cuenta, y a tu padre no quería mirarle yo.

Volvimos a la playa, a la tarde, y estuvimos solos. Tú llevabas la batuta de la orquesta, aquí entran estos, aquí se van de paseo, aquí tú, yo y este pescadito desobediente que te roza la pierna. Recuerdo que me abrazaste en el agua, recuerdo que me besaste. Un beso largo, intenso. Era el gesto de tu amiga, tu mirada de antes, las de la comida, tus atenciones, la crema que me habías puesto en la espalda. Tu sonrisa y tu pregunta. ¿Sales con alguien? No, con nadie.

Luego estuve callado, bastante tiempo. No sabía reaccionar, no podía. Llegaron tus amigos, cenamos, te arreglaste, me caí de culo al verte e intenté que no se notara. Estuvimos en aquella discoteca al aire libre, o lo que fuera. Bailamos, hablamos y luego nos fuimos a ver la luna en la playa. La luna, ¿te acuerdas? Cuando hacíamos el amor decías, o lo escribías, que había luna llena.

Era de madrugada y tenía que volver. Llegué a Madrid tarde, de mañana, sin dormir. Me miré al espejo, no parecía yo. Volví a verte. Estabas despidiéndote con una sonrisa, con la promesa de volver en dos semanas, de volver conmigo después de tanto tiempo. No parecía yo, era alguien mucho más feliz que de costumbre. Mi cuerpo, mi aliento, todo llevaba aún tu olor. A mediodía tuve que ducharme.

Siempre recordaré mi Renault 5 amarillo, de segunda mano, pero mío. Aquel viaje, aquella curva casi llegando. Te agarraste bien, amigo. Nos agarramos los dos aquel día, cada uno a lo suyo. A nuestras vidas.

3

Días felices, un poco más tristes.

Todos los días tienen noticias tristes, mucho, de esas que puede que no olvides nunca. Yo tengo unas cuantas grabadas, la mayoría con niños, lo reconozco, y con quienes los pierden.

Hoy mi día tenía otro color, hasta ese momento, sin mucho sentido, es cierto. Hace tiempo que no cantaba en la ducha, me he sorprendido a mí mismo. Algunas noticias luego te sacan las lágrimas, pero este mundo es así. Es parte de esta vida, lo sabemos, ¿será cuestión de admitirlo? Yo no lo sé. Tan siquiera lo oí en la radio, me lo dijeron.

Hoy es un día extraño, puede que como todos, más feliz que ayer, también un poco más triste. Después seguí cantando, por momentos sin muchas ganas, pero he seguido haciéndolo. Tres añitos… Una canción antigua, de amor, de esperanza. De compañía y de soledad.

-Me alegro mucho de volveR a verte, tú sabes que no he sido rencorOso, perdóname si ves que estoy nerviOso, no te esperaba aquí tan de repEnte.

Me alegro de encontrarte tan bonIta, te juro que te veo maravillOsa, será que al fin te van muy bien las cosaS, o tratas de ocultarme tu desdichA.

Qué tAl te va sin mÍ. Dime que no te va muy bien, que en realidad quieres volver a estar conmIgo. No intentes sonReír, veo en tus ojos la verdAd y hay más tristeza y ansiedad que al lado míO.

Qué tAl te va sin mÍ. Has encontrado algo mejoR o has comprendido que el amor no se improvisA. Si quiEres regresar, hazlo deprIsa, hazlo Ya, que yo también quiero volveR a estar contigo como estÁbamos ayeR.

Felices Navidades a los que puedan tenerlas, y para los que no, que no estén solos. Siempre hay alguien cerca y es todo lo que podemos hacer por ellos.

Siempre he pensado que si pudiéramos sentir el sufrimiento ajeno, de tantos que se cruzan en nuestra vida, seríamos algo más humanos.

2

Regalos invisibles.

Me quedé mirando el escaparate y allí estaba, donde llevaba meses, un juego de gargantilla y pendientes, me pareció precioso, más para alguien a quien no le gustan demasiado esas cosas. Menos gastárselas ahí. Sus motivos son árabes, y desde que lo miré por primera vez lo imaginé en tu cuello. A juego con tus ojos azules y tu pelo oscuro. Sólo te faltaría el velo para hacerme abjurar del cristianismo, si es que ya no lo he hecho. Y enloquecer como ya lo estuve de ti, hace años.

No tenía un motivo para entrar, ni un mal aniversario, ni una mala excusa. ¿Hace falta? Me pregunté por qué lo hago tan poco, esas cosas que te gustan, sin tener un motivo. Y en eso empezaron a desfilar recuerdos, tengo muchos contigo.

Veinte años, tú tenías alguno menos. Y yo muy poco dinero. Estuve allí, en ese mismo lugar, enfrente de ese mismo escaparate, con otro nombre y en una ciudad distinta. En mis bolsillos lo justo y las monedas para la cabina, que no siempre las tenía, y en mi mente sólo tú. Los mismos ojos azules y el mismo pelo oscuro, y tus manos. Más jóvenes, eso sí. Los dos. No teníamos cicatrices, ni desencantos, ni odio, ni llantos. No sabía de su existencia, contigo.

Estuve de pie, un rato. Entonces y ahora. Antes pensando en el futuro, en ser feliz, ahora en el pasado, en no haberlo sido tanto. Esta vez intenté mirar el precio, no pude verlo, la otra lo llevé grabado durante algún tiempo. No debe de ser muy caro, ya no es como antes. ¿Y la ilusión? Me pregunté por ella. Hay cosas que sabes de su existencia cuando no están.

Entré, esta vez sí lo hice. En la mano, de cerca, me gustó aún más. Salí con el estuche en el bolsillo de la chaqueta, al lado bueno, junto al pecho, con un poco más de aíre y una firma de menos. Debí haberlo hecho antes. Me dieron las gracias, y me las llevé conmigo. Me hacen falta. Y me fui a casa, a nuestra casa, todo lo rápido que pude.

Cosas de la vida, te encontré antes, a la vuelta de la última esquina. Y llorabas. Para que no se me olvide, un día cualquiera, sin fecha. Me asusté, te abracé, te pregunté sin muchas respuestas, siempre tus silencios, y te alegraste de verme. Allí se quedó la moto. Intenté consolarte, la vida son muchas cosas, todas envueltas. Pensé en tus lágrimas, en las que no he visto y en las que no he querido ver. Et voilà!, saqué tu regalo a cambio de tu sonrisa, como un prestidigitador capaz de todo, de lo mejor y de lo otro. Y sonríes, con los ojos mojados eres capaz de hacerlo. Tú sí que haces magia.

Lo que me sorprendió es que supieras lo que era, sin tocarlo siquiera. ¿Tanto me observas? Supongo que sí, que yo he sido el ciego. Y hubo pasión, cuando pudimos tenerla. Y un nuevo comienzo. Otra vez más.

Aún llevas aquel anillo, veinte años menos un tiempo vacío e indeterminado, y puede que el brillo de tus ojos siga siendo el mismo, pese a todo. Hace tiempo que no veo bien. Yo mismo no me dejo ver.

3

Castillos en el Sur.

Es cierto, tienes razón Verónica (estás acertada, creo). Catalepsia. Ayer, por eso mismo, arranqué el coche y me fui al Sur, al principio. No es el comienzo, ni tan siquiera de la decepción, que fue mucho anterior, pero sí un cambio en mi vida, sustancial. Estaba embarazada.

A mí me parece que mi unión con ella se hizo definitiva (¿?, y faltan ¿?) en ese momento. Un contrato inexistente y válido como ningún otro. De sangre, trae "pacá" la mano. Es curioso, hasta en el altar firmé rarito, por si me arrepentía y colaba luego. Yo también me veo cánido, como Conchita, Concha y Conchi (al tiempo), no sé si lupus o algo más vulgar. Va a ser eso. Y nunca fui de promesas. Menos de juramentos, me conozco. Bueno, no tanto. Pero esto es distinto, no mueves la boca. No buscas ningún notario. Nace y ya eres otra persona. El que entra al paritorio y el que sale no son el mismo. Aunque sea de sufrido y prescindible mirón. Vaya papelón. Y sin epidural, para mayor escarnio.

Me sorprendió el lugar, hacía años... No me gusta mucho el invierno allí, me pasa con todo lo light. Puede que sólo por que no lo sea, casi. Además, hay muchos guiris, de los turísticos, de los que en su tierra no comen y aquí da no sé qué verles. Como decía mi tía (a falta de madre), como te lo dan hecho. Yo creo que son unos gandules con poca imaginación. Con pasta.

Me he ido. Vale. Pues eso, al Sur. Comí rodaballo, gambón del bueno, me jarté a vino y a alioli con pan recién horneado. Sin comentarios. Y el mar. Ella venía conmigo. Le gusta, pero se entristece, mucho pasado hay allí, y su padre ya no está. Iban de la mano. Busqué la suya varias veces en el trayecto, no quería que la viera, lloraba. No me hace falta verla ni oírla para saberlo. Las mujeres, cuando lloran a tu lado, en el coche, si tú conduces evidentemente, cuánta explicación hay que dar (antes se daba por sentado, sentada al lado digo), miran por la ventanilla. No suelen volver la cabeza allí para otra cosa que no sea llorar, ellas miran al frente. O a ti. O al bolso buscando eso que no encuentran. O al espejo, con la barra de labios. Fíjate en eso. Sí, también para soñar, pero es igual de preocupante. Si es que te preocupa.

Lo nuestro, desde todos los malos momentos, desde la superación o quizás desde el intento de hacerlo, es lento, paulatino. Pero me da que es lo más firme que he tenido nunca. Falta un punto de aquella pasión, es cierto, pero es cálido, como esos abrazos de las mañanas de invierno, ese tipo de calor. Si tuviera que buscar una palabra estos días, aún dentro del daño mutuo, es consuelo. Somos dos heridos que se consuelan el uno al otro, que se tocan de noche, que se llaman todos los días, que lloran juntos. Y que se perdonan. Y eso, créanme, es mucho. Mucho más consistente que la pasión. Además, pocos saben la diferencia entre pasión, cariño y amor, y a algunos menos les interesa.

Alberto Cortez...castillos en el aire...¿Quién no quiere volar? Es adictivo. Yo también lo echo de menos, pero siempre los saltos terminan bajando. Una manzana es la culpable. Ya llevo más de un susto, por eso y por tantas cosas. Por ese amigo que me decía ayer que estaba cambiado. Lo siento Alberto, a los dos, es lo que hay.

Pero no puedo evitar mirar hacia arriba de vez en cuando. Pobre idiota...me gusta esa canción. Pues la pongo otra vez. Y me voy al Sur y no vuelvo.

8

Nacer muerto.

Soñábamos lo mismo, pero tú estabas viva y no podías saberlo. Mi alquimia era una farsa. No, no era contigo misma, lo era conmigo. El yo que tú inventaste y que yo te mentí al hacerlo vivo. Hasta mi ternura lo era, la copié de ti, sin que te dieras cuenta.

Sí, te he dejado un reguero de cadáveres en cada uno de mis escritos. Lo sospechabas desde un principio. ¿Me conoces? Te conozco, soy el asesino de tus sueños. El que mató aquel ideal que tú fabricaste, sonsacando una verdad entre tantas mentiras, porque cada una iba envuelta de mi no ser, y por dentro sólo tú las veías.

No puedo perdonarme lo que te hice. Pienso en tu soledad, en la de aquellos días, y me siento solo. Te veo en cada esquina, un fantasma al que no me atrevo a mirar a la cara, y cada día. Y, sin embargo, desde mi cobardía te busco, sin mirarte, sin un motivo. No puedo ofrecerte nada y tú no quieres nada mío.

Nací muerto, de ahí tu nombre. Los muertos no se perdonan, y sólo lloran los vivos. Déjame decírtelo. No pude amarte, ni puedo, y siempre te he querido. No me pidas que te lo explique, por más que intento olvidarte no lo consigo.

Ya no me quedan mentiras, sólo “mentirte” a mí mismo. Ese es mi eterno castigo. Yo, como soy, no poder cambiarme, todo lo que he perdido. Seguir recordándote y no quererte conmigo. No haberte querido.

Te veo cada día, y viéndote, sin poder mirarte, me pregunto qué pasará cuando muera.

Perdóname, si puedes hacerlo. Y vete lejos, no vuelvas. Soy el asesino de tus sueños, y me maldigo por lo que te he hecho.

Ya sé que me olvidaste, eso dices, pero yo te olvido. Mientras sigo vivo, viviendo, y tú sigues sola, sin merecerlo. Algo dentro de mí va contigo. Irá siempre contigo, sin saberlo. Tú no puedes saberlo.

Ya te lo he dicho.

4

Sexo virtual.

Dentro. Estoy dentro. Veo a través de tus ojos, lo intento. Tu piel, tus sonidos, tus manos. Siento todo lo que conozco de tu cuerpo y, ahora, de tus sentidos. Me escuchas, me oigo. Me veo, soy yo, tengo que serlo, pero distinto. Tus ojos no son como el espejo, no soy el mismo.

Ahora me siento, en tu interior. Tengo esa sensación, la tuya, quiero saborearla, presiento que esto es efímero. No puede durar mucho. ¿Qué piensas? Sí, eso es lo que quiero, tu cuerpo ya lo conozco, tus gestos, tus maneras. Puedo dibujarlas, anticiparme a ellas, pero no sé lo que pasa por tu mente, nunca lo he sabido. ¿Me quieres? ¿Qué es querer? ¿Cómo quieres tú? Me he dado la vuelta, todo está oscuro. A tientas intento buscar en tu interior, sentimientos, pensamientos. No sé donde encontrarlos. ¿En tu cerebro? ¿En tu corazón? ¿Está el alma en algún sitio? ¿Existe? No puedo sentir lo que sientes, no puedo pensar lo que piensas. Me desespero, no me sirve nada hacerlo. Lo sé bien.

Un momento, estaba tan ofuscado. Siento un calor que me envuelve y la luz que llega a mi espalda. ¿Felicidad? ¿Placer? Tu cuerpo que ahora es el mío se estremece, conozco esa sensación, antes me gustaba pegar mi cara a tu vientre mientras ocurre, sentirlo como si fuera mío. ¿Antes? Sé que estoy allí, que soy el causante. ¿Lo soy? Quisiera parar el tiempo pero todo pasa rápido. Cierras los ojos. No veo, no oigo, se ha esfumado la realidad. No estoy en ninguna parte.

Tengo el presentimiento de que voy a despertarme pero no puedo estar durmiendo. Quisiera volver a intentarlo, entenderte, conocer esas cosas que nunca me atreví a preguntarte, saberlo. ¿Y si te hablo? Te pregunto pero no hay respuesta, sólo el eco.
Aún no sé si me has perdonado, aún no sé nada de ti conociéndote tanto. Sólo tu cuerpo.

Me hablas tú, ya no me veo, ya no me oigo. Abro los ojos y están tus labios, entreabiertos. Se mueven, pronuncian, ¿estás? Sí, estoy fuera. Fuera.