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De mañana. Me despiertan unos sonidos. Niños y el llanto de un bebé. Desayunos a través de los patios, con las ventanas abiertas, ya es primavera. Luego su música, la de ella. Demasiado alta, como siempre, y él se lo decía, pero canta. Ahora me he dado cuenta de que cantaba.
Oía sus risas, sus vidas, desde hace años. El nacimiento de sus hijos, algunas de sus malas noches, los cumpleaños, tantas cosas. Sin conocerles apenas, saludos al entrar y al salir, cuatro palabras entre bolsas de supermercado, carteras de colegio, cochecitos de niños y algo de prisa. Los imaginaba, claro, es fácil. Y hasta felices. Tan cercanos y tan lejanos al tiempo.
Ya no se escucha nada, apenas unas horas después ya no había qué escuchar. Quiero oírles pero tengo miedo de hacerlo. Nada. Todo se ve cerrado, vacío y quieto. Hasta muerto.
Él se marchó, para siempre, y se llevó el sonido. En un instante, en una curva, subido en sus sueños. Al final de esa recta sus vidas se han quebrado en un chasquido que nadie ha oído nunca. El mismo que todos oiremos. Pero antes de tiempo. Mucho antes.
Ella ahora es llanto. Sólo lágrimas y soledad. Y sus niños, tan pequeños.
No sé si volveré a oírles, pero todo es distinto, tristemente distinto. Ya nunca se oirá lo mismo. Y lo siento. De verdad que lo siento.
Somos muy frágiles, y todo lo que creemos atado..está suelto. Los sonidos tampoco pueden atarse y se vuelven silencio. En un momento.
Google, ahora tiene que dar datos, tomadlos, busqueda: "tropas de EE.UU. matan"
33800 entradas. Ayer,...niños, 5, otra vez, una casa, una familia entera, las fotos son terribles, bebés, pequeños de dos años, de tres...atacados con tanques y helicópteros. Fueron reducidos a una habitación y asesinados, según fuentes. Imaginad sus ojos, sus llantos, su miedo, su desesperación, su inocencia. De noche, a las 2:30 de la mañana, murieron todos. La atrocidad la justifican por estar bajo fuego enemigo.
Estas noticias me producen una inmensa tristeza, pero empieza a germinar en mí otro tipo de sentimiento. Cada día es más grande. Lo juro, cada día es más grande.
Ayer fue un día extraño, un día de muerte, de viaje inesperado, de llantos de mujer al fondo. Estuve en el entierro del padre de un amigo, estuve en el cementerio, lugar que frecuento poquísimo.
Después de acompañarlo, a él y a su familia, al mismo muerto, me fui a ver esas lápidas que rara vez frecuento, las de mis muertos. Casi me sorprendí de que sigan ahí, en el mismo sitio, como si no pasara el tiempo. Las mismas letras, el mismo brillo, el mármol que sigue extrañamente limpio. Sólo las fechas, las que me obligo a no recordar, son el testigo de lo que cuento.
Al salir, sin embargo, vi que yo no soy el mismo, soy lo único que ha cambiado de ese sitio.

La foto es de Txipiri, en ojo digital.
El periódico es lamentable, a veces no sé si lo leo por aburrimiento, para decir que estoy al filo de la noticia, para sentirme con los tiempos, para abrir la boca y no cerrarla, para...no lo sé. Pero hoy hay una de esas noticias que, no entristeciéndome tanto como otras, me ha dejado tocado. Como preguntándome si merece la pena el esfuerzo.
Se trata de dos ancianos residentes en un geriátrico y de sus familias. Uno muerto y el otro confundido. Es decir, confundieron al vivo con el muerto, fue enterrado y velado por la familia del vivo, y nadie se dio cuenta. A los días, el hermano del teórico fallecido se lo encuentra, al ir a recoger sus pertenencias, desayunándose un café con leche con bollos. Le dio el consiguiente soponcio, ante la sorpresa del “hambriento resucitado” y, supongo, de cuantos habían cometido tamaño error en la residencia.
La noticia hace hincapié en la familia del neonato, en la restauración administrativa de su estado de vivito y coleando, y en su merecida pensión. Yo me pregunto más por el muerto, por su triste entierro al lado de sus queridos familiares "de otra persona", y por los suyos auténticos. Me pregunto por esta sociedad que maltrata no nacidos, niños, mujeres, hombres y ancianos, dejándolos olvidados en lugares donde se olvidan de sí mismos y donde nadie parece reconocerlos. Me pregunto por qué miramos a otra parte. Me pregunto por esa falta de humanidad generalizada, por este trato frío que se impone.
Me pregunto por nuestro triste final. En un geriátrico, abandonado, sin nombre, sin familia, sin recuerdos, sin entierro ni velatorio. Absurdamente solo. Es posible que lo merezcamos, pero sigo teniendo esperanza en que nuestros niños cambien esto.
La foto es de un blog, el reparador de sueños.

¿Se parecerían tanto?
Esta es una de esas películas que marcan. Por todo, hasta por la afición a la motocicleta, esa Norton...me quedo sin palabras. Las caídas, las averías...También por esas tierras que recorre, tan lejanas en el espacio y tan cercanas en el corazón, como sus gentes. Más si cabe. Y por el ideal que desprende, que rebosa, sobre todo por eso.
Entré despistado a la sala, no había visto un solo trailer, ni sabía absolutamente nada. Me llamó la atención la moto y el viaje, y el hecho de que había llegado tarde, extrañísimo, a la que quería ver en un principio. No recuerdo cual era. Qué cosas. Fue emocionante, salí emocionado.
Si pudiera ahora mismo pedir un deseo…, quizás fuera ese, mi moto, compañía y la aventura. La hermosa y triste aventura de este cruel mundo, que por cierto tan poco ha cambiado. Bolivia, cuánta esperanza en ti tengo...
Bueno, yo no soy Ernesto Che Guevara, pero es que no creo en la lucha armada si es posible otro camino. Es necesario otro camino. No quiero con esto ofender a nadie, pero admiro sus motivos, hablo de aquel muchacho que cambió su vida en aquel viaje, no del guerrillero, tampoco quiero juzgarlo. Y no de comunismo, no es eso, ni de ideas políticas siquiera. Estoy cansado de ellas y de quienes las utilizan.
De lo que yo hablo estaba en unas fotos más abajo. Una niña, una pancarta, unos derechos de todos los que habitamos este maltratado mundo, de todos, sin excepciones. Quizás sea hora de que terminen las ideologías y comiencen los seres humanos. Pero el camino es largo. Quizás nos venga bien una moto, aunque sea vieja. Y algo de conciencia.
Curioso. Yo amo las motos, el aíre en la cara, la sensación del viaje....pero amo más otra cosa.
¿No me digas que no te lo imaginabas? Por supuesto que sí, hay un concurso para ellas. Claro, ya están operadas, y algunas ni se nota. Otras, no sé yo qué decirte. Pero no me vengas con cuentos, en los concursos de “mises y boyses” pasa lo mismo. O no. Pues eso. También tienen derecho a lucir palmito.
Es que estaba despistado viendo cositas raras, lo retiro, por ahí, esto de internesss da para mucho. Peor es esta página de neopatria, ya puestos, miren la presentación: Foro de discusión ta todas as antiguas tierras d'a Corona d'Aragón. Fòrum de discussió per a totes les terres de l'antiga Corona d'Aragó. Fòrum de debat per totas las terras de l'antiga Corona d'Aragon
Terminamos como en la torre aquella. ¿Cómo se dirá en hebreo Babel? A ver si se me querellan ahora estos...o los otros...o aquellos...ufffff, seguiré anónimo por si las moscas...
Es fácil encontrarlas, si quieres.
Pues sí, yo también tengo mis defectos, mis filias. Una de ellas, medianamente confesable, es mi fijación por la guerra. Historia, libros, comentarios, novelas, películas...incluso juegos, sí, de estrategia. Aunque reconozco que trivializarla no me termina de convencer.
Muchas veces he oído eso de que los juegos son malos, que instigan a la violencia. ¿Seguro? ¿Todos? Uno de mis primeros encuentros con la sorpresa fue en uno de la Guerra de Secesión, Gettysburg, hace lustros. La verdad, sufría y todo viendo aquellos muñequitos que se iban quedando inertes en el campo de batalla, como se iban ensangrentando mis oficiales, mis "queridos y valientes" soldados. Miembros amputados, soldados heridos, listas de bajas, hombres muertos. Aún me parece ver como la caballería propia asesinaba a los desarmados enemigos que huían, pero había que hacerlo o se reagruparían. Dantesco, cruel, inhumano.
Aprendí como ganar aquella batalla, como lo he hecho en otras muchas, suelo ir con los que pierden, otra manía. Juegos de guerra. Incluso reconocí el terreno en uno de esos documentales de televisión que tanto me gustan, casi como si hubiera estado allí. Algo es algo.
Y, durante todo este tiempo, he aprendido una amarga lección, quizás no tanto. En la guerra, la más vergonzosa actitud humana, se sacrifican hombres, se les manda al matadero y se asesina. No hay otra forma. Por una causa, por un trozo de terreno, por ganar tiempo. Por nada. Quizás no sepan qué significa esto, si es así mejor para todos, casi seguro, o es que no han jugado a hacerlo (hay simuladores para todo). No hay tanta diferencia desde un teléfono o detrás de una pantalla. Pocas veces ves los muertos si estás en la retaguardia, en el Estado Mayor, nada que ver con estar bajo las bombas.
En ningún libro o fotografía he podido sentir tan de cerca esa realidad. Y es que a quienes critican los juegos, como cultura, algunos extraordinariamente trabajados, a límites insospechables, se les olvida algo. Se les olvida que también pierdes, la sensación de la derrota. Aunque aquí se va con un simple "apagar"
Os aseguro que los juegos me han ayudado a comprender, y que son una fuente de cultura "lúdica". Pero sigo jugando, cuando puedo.
Juguemos. Miren a esa niña de la foto de arriba, la de la derecha abajo, en brazos de su madre, sí, unos dos o tres añitos. Pronto será huérfana, su sonriente padre yace más abajo, en el Somme, o en el Ebro, o en cualquier otro lugar. Nuestro mundo está lleno de ellos. “Lo siento niña, tenía que ganar tiempo con su vida, y parte de la tuya, para la siguiente maniobra.”
¿Ficción o realidad?
